EL HIJO PREFERIDO
Cierta vez preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que ella mas amaba. Ella, dejando entrever una sonrisa, respondió:
"Nada es más voluble que un corazón de madre, y, como madre, le respondo: el hijo dilecto, aquel a quien me dedico en cuerpo y alma:
Es mi hijo enfermo, hasta que sane.
El que partió, hasta que vuelva.
El que está cansado, hasta que descanse.
El que está con hambre, hasta que se alimente.
El que está con sed, hasta que beba.
El que está estudiando, hasta que aprenda.
El que está desnudo, hasta que se vista.
El que no trabaja, hasta que se emplée.
El que se enamora, hasta que se case.
El que se casa, hasta que conviva.
El que es padre, hasta que los críe.
El que prometió, hasta que cumpla.
El que debe, hasta que pague.
El que llora, hasta que calle.
Y ya con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó:
El que ya me dejó... hasta que lo reencuentre..."
Una madre siempre ve en su hijo la esperanza dormida que un día despertará, Su fe siempre la sostiene. Madre es madre, aunque el hijo se olvide de ella.
Moises Absalon
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viernes, julio 22, 2011
sábado, mayo 14, 2011
REFLEXIONES...
Una mañana un padre perdió los estribos en una de esas situaciones irritantes que suelen suceder en la vid. Derramó sus frustración y enojo en su hijo, que parecía ser el blanco más cercano.
En el transcurso del día, mientras él y su hijo estaban pescando, comenzó a sentirse culpable por lo que había dicho y hecho. Y comenzó así:
-Hijo, esta mañana estaba un poco impaciente.
-¡Ajá! -murmuró el hijo, recogiendo la línea en su riel para luego volver a arrojarla.
El padre continuó:
-Eh... reconozco que debió ser difícil estar cerca de mí.
-¡Aja! -fue todo lo que el hijo murmuró de nuevo.
-Quiero... quiero que sepas que... me siento mal por lo ocurrido -prosiguió el padre.
Luego, agregó con rapidez para justificarse.
-Pero tú sabes, hijo, hay momentos en los que soy así.
-¡Ajá! -solo dijo el niño otra vez.
Pasaron unos segundos hasta que el niño le dijo a su padre:
-¿Sabes, papá? Dios te usa a ti para que nos enseñes a todos en la familia a tener paciencia.
Nuestras familias tienen una manera de dar en el clavo con su sinceridad, pero en lugar de sentirnos martillados, tomen lo que digan como un buen consejo. ¡Nadie más que su familia puede ayudarlo a crecer en la naturaleza de Jesucristo!
A menos que un padre acepte sus culpas, por cierto dudará de sus virtudes.
Efesios 1:6
Nos hizo aceptos en el Amado
Moisés Absalón Pastora
En el transcurso del día, mientras él y su hijo estaban pescando, comenzó a sentirse culpable por lo que había dicho y hecho. Y comenzó así:
-Hijo, esta mañana estaba un poco impaciente.
-¡Ajá! -murmuró el hijo, recogiendo la línea en su riel para luego volver a arrojarla.
El padre continuó:
-Eh... reconozco que debió ser difícil estar cerca de mí.
-¡Aja! -fue todo lo que el hijo murmuró de nuevo.
-Quiero... quiero que sepas que... me siento mal por lo ocurrido -prosiguió el padre.
Luego, agregó con rapidez para justificarse.
-Pero tú sabes, hijo, hay momentos en los que soy así.
-¡Ajá! -solo dijo el niño otra vez.
Pasaron unos segundos hasta que el niño le dijo a su padre:
-¿Sabes, papá? Dios te usa a ti para que nos enseñes a todos en la familia a tener paciencia.
Nuestras familias tienen una manera de dar en el clavo con su sinceridad, pero en lugar de sentirnos martillados, tomen lo que digan como un buen consejo. ¡Nadie más que su familia puede ayudarlo a crecer en la naturaleza de Jesucristo!
A menos que un padre acepte sus culpas, por cierto dudará de sus virtudes.
Efesios 1:6
Nos hizo aceptos en el Amado
Moisés Absalón Pastora
lunes, febrero 14, 2011
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