miércoles, septiembre 05, 2007

SOMOCISMO SIN SOMOZA

Somocismo sin Somoza
Opinión: 09/05/07, 08:59am por Administrador

Por Julio Ignacio Cardoze
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“La situación es ahora, (con los sandinistas), cualitativa y cuantitativamente, peor que en tiempos de Somoza. Cuantitativamente, porque estadísticamente hablando en números de personas muertas, torturadas, prisioneras y exiladas, es mayor que en cualquier periodo comparable del régimen de Somoza, aún en términos absolutos. Tomemos por ejemplo el número de exilados, hay ahora más exilados que en todos los 45 años de Somoza. Y cualitativamente, es peor, porque Somoza, que fue un dictador, atacó principalmente a sus enemigos, pero no se ocupó mucho de las gentes que no se metían en política. Los sandinistas, por el contrario, no dejan a nadie en paz. Ellos buscan que todo el mundo los apoye, de lo contrario, el que no los apoya es considerado agente del imperialismo, de la CIA, y por eso son tratados como traidores.” José Esteban Gonzalez. Human Rights in Nicaragua. From Revolution to repression. 1986.

Los sandinistas, con amenazas, intimidaron a la oposición democrática antisomocista. Empezaron diciendo; “no, al somocismo sin Somoza”, que resultó ser, la mentira de las mentiras, puro chagüite. Así acobardaron a todos los demócratas antisomocistas posibles contrincantes suyos en la carrera hacia el poder una vez caído Somoza. ¿Pero que fue eso de somocismo sin Somoza? ¿Quién lo define? Para el caso que nos ocupa, lo definieron los mismos sandinistas.

“No al somocismo sin Somoza”, quedó demostrado, quería decir el poder y el gobierno solo para el FSLN y los Ortega, y para nadie más. Si a alguien se le ocurría una solución democrática al problema político de Nicaragua que no incluyera hegemónicamente al FSLN, a la Vanguardia, a la Dirección Nacional, a los Ortega, automáticamente era considerado, sospechoso, enemigo del pueblo, somocista, o contrarrevolucionario, lo cual significaba condenarlo a la peor de las suertes hasta con riesgo de la vida. No olvidemos, que en el manifiesto cuando el asalto terrorista al Palacio Nacional, del 22 de agosto 1978, alertaron a las escuadras sandinistas a estar atentos contras las traiciones (diálogos o mediaciones) y entendimientos, que no fuera el proyecto sandinista.

¿Y todo para qué? Para terminar implantando un régimen totalitario, peor que el de Somoza, más bien, un fidelismo a control remoto, pues los sandinistas se convirtieron con el FSLN, en ejército de ocupación de Nicaragua en nombre de Cuba y de Fidel Castro, en nombre de la Unión Soviética y de todo lo que significaba internacionalismo de izquierda, o causa árabe, Irán, Libia, influencia a la cual vive sujeto al día de hoy al retomar el poder el pro-cónsul Daniel Ortega, además de ser testaferro de los delirios y dislates perturbantes bolivarianos de Hugo Chávez.

La dependencia de la vanguardia sandinista, es decir la elite, la famosa Dirección Nacional, de Fidel Castro, fue total y servil, eso está bien documentado, después de todo, fue Castro quién planificó paso a paso toda la sedición contra Somoza, y los llevó de la mano al triunfo y al gobierno.

Fue en Cuba donde les confeccionaron sus llamativos y revolucionarios uniformes verde olivos con sus insignias rojas y negras.

La administración de Reagan decidió por la opción diplomática con los sandinistas. El 11 de Agosto de 1981, el sub secretario de Estado, Enders, viajó a Managua para dos días de reuniones con la dirigencia sandinista. Enders les propuso un acuerdo. A los americanos les gustaría una Nicaragua libre y democrática, pero lo que más les preocupaba era los envíos de armas y municiones y otras formas de ayuda militar a la guerrilla de El Salvador. Si los sandinistas se comprometían a terminar la ayuda a las guerrillas de El Salvador, los Estados Unidos de América se comprometían a no usar la fuerza y a dar ayuda económica al gobierno de Nicaragua, es decir a los sandinistas, así como a reconsiderar el asunto de ayuda en alimentos y programas de desarrollo.

Al día siguiente después que Enders les hizo la propuesta, Daniel Ortega respondió que rechazaban las propuestas americanas, y que habían decidido defender la revolución con las armas, y llevarían la guerra a toda Centroamérica. Enders le contestó que era ridículo pensar que ellos se enfrentarían al poder americano, y aquí fue cuando se produjo la famosa frase del cretino Bayardo Arce, que le contestó a Enders; “Está bien, vengan, nosotros los enfrentaremos de hombre a hombre, ustedes nos van a matar, pero ustedes pagarán por eso, ustedes tendrán que matarnos a todos.”

Esa es la historia oficial que se conoció y ha sido publicada, pero ¿Qué fue lo que realmente ocurrió? en relación al rompimiento de los sandinistas con los americanos, que tuvo después como resultado la guerra con los contras, que le costó a Nicaragua miles de jóvenes muertos, o inválidos, en una guerra por causas ajenas al interés nacional y por el comunismo internacional. Veamos.

En una entrevista de Edén Pastora, con los escritores franceses Geneveive y Elie – Georges Berreby, que después fue publicada en un libro, en relación a ese asunto con Enders, Pastora destapa la otra cara de la moneda y como ocurrió realmente ese evento que le costó a Nicaragua tanta sangre. Pastora dijo que el se encontraba en Cuba, después de su rompimiento con los sandinistas, como huésped forzado de Fidel Castro en una casa de protocolo en la Habana. Que una madrugada lo llamó por teléfono, cosa extraña, porque no era costumbre llamar a esas horas, la secretaria de Fidel Castro, que le decía que la Dirección Nacional del FSLN, acababa de llegar a la Habana y necesitaban su presencia. Un chofer lo llevó a la casa de gobierno.

Llegó y se encontró con Daniel y Humberto Ortega, Tomas Borge y el proletario Jaime Wheelock.

En eso llegó Fidel Castro, y Pastora pensó que la reunión debería ser importante pues aún no eran las siete de la mañana y el líder máximo no acostumbraba madrugar.

Los comandantes nicas se sentaron alrededor de una mesa presidida por Fidel Castro. Fidel va directo al grano y le pregunta a Daniel Ortega:

— ¿Qué dijo el gringo?

Dice Edén Pastora, se trataba de Thomas Enders, subsecretario de Estado americano.

Daniel Ortega contesta a Fidel Castro:

—“Thomas Enders me dijo que venia como representante del gobierno de Reagan. Los republicanos estarían listos para decirle adiós a Nicaragua, pues la llegada al poder de nuestra revolución es un problema de los demócratas. Su problema es El Salvador. Si la administración Carter permitió nuestra victoria, los republicanos no piensan renunciar a El Salvador”.

Cuenta Pastora que Fidel Castro miró a Daniel Ortega sin pestañear, haciendo rulos con el dedo en los pelos de su barba.

Daniel Ortega prosiguió con su informe al líder máximo:

—“Nos propone (Enders) negociar, que el FSLN deje de meterse en El Salvador y Estados Unidos no intervendrá en Nicaragua. Me aseguró que podríamos organizar Nicaragua como quisiéramos”.

Dice Pastora que en ese momento Tomas Borge hizo un comentario triunfal diciendo:

—“Creo que ahora podríamos decretar oficialmente nuestra orientación marxista-leninista y cerrar La Prensa.”

Entonces Fidel Castro le respondió:

—“No seas demasiado optimista, yo los trato desde hace veinte años. Con los gringos nunca se puede estar seguro.” Y entonces Castro dándose vuelta hacia Daniel Ortega le pregunta:

—¿Estas seguro de que entendiste bien?

Contesta Daniel:

—“Completamente. Nos acusan de haber traído el conflicto este-oeste a Nicaragua. […] Le aseguré que no interveníamos en nada en El Salvador…”

Fidel Castro:

— ¿Y se creyó eso? “Tampoco hay que creer que los gringos son pendejos.”
— ¿Y que dijo?

Ortega:

—Negociemos, si no negociamos los aplastaremos.

Entonces apunta Edén Pastora que él hizo el siguiente comentario:

—“Si seguimos enviando armas a El Salvador, y si seguimos cubanizando la revolución, vendrán a degollarnos.”

Al escuchar esto de Pastora Fidel se sobresalta y le pregunta:

— ¿A que llama cubanizar la revolución?

Después de escuchar la explicación de Pastora sobre los tres mil militares cubanos que están en Nicaragua y otros detalles, Fidel le contesta que él no impone a los internacionalistas, sino que son “los muchachos” que los piden.
Entonces, cuenta Pastora, que Fidel presidiendo la mesa, da una barrida con la mano en dirección de los comandantes sandinistas y les dice:

—“Aguanten con los gringos hasta que aprieten. Vamos a ver hasta donde se pueden resistir.”

Fidel se levantó y se fue. Se terminó la sesión. Los comandantes regresaron a Managua.

A continuación ya sabemos lo que pasó ese día, Daniel Ortega, de vuelta en Nicaragua, posteriormente de ir a Cuba a recibir instrucciones de lo que tenia que hacer, le dice a Enders que defenderán la revolución y Bayardo Arce los reta a que vengan a matarlos a todos.

Esa es la historia de cómo empezó la guerra de la contra, la historia de quién daba las ordenes en Nicaragua y una prueba del envilecimiento, servilismo y humillación de los sandinistas con Fidel Castro.

Somoza con los americanos tuvo una actitud sumisa a conveniencia, más bien políticamente hábil, pues se les presentaba como imprescindible a sus intereses, era una relación de dame y te doy, pero nunca en esos extremos de la humillación sandinista, que era, y posible actualmente es, una relación de empleado con patrón.

En todo caso, después de lo que le criticaron los sandinistas y sus colaboradores a los Somoza, su dictadura, sus crímenes, su gobierno familiar, su intransigencia, sus robos, su enriquecimiento ilícito y exagerado, sus extensas propiedades mal habidas, su desconsideración por la democracia, su ilegitimidad, fueron los sandinistas, y los Ortega, los que terminaron institucionalizando, copiando, refinando, actualizando, perfeccionando, imitando desfiguradamente el somocismo, aparte de traicionar las aspiraciones democráticas de la nación nicaragüense, y haciendo cosas como tener en Nicaragua de “huésped” a Pablo Escobar Gaviria. (Y Somoza con su dictadura hizo progreso y los sandinistas destruyeron y cometieron nicaraguanicidio. Esto no es una justificación, solamente una explicación).

Daniel Ortega, es hijo putativo de los Somoza, a quiénes tiene de modelo y prototipo, ansioso de copiar, de hacer lo que ellos hicieron, y los quiere imitar, pero la imitación le sale desfigurada, al punto que se dice que ha creado un complejo por la sombra de Somoza que constantemente se proyecta sobre sus actos de gobierno en una competencia imposible de igualar, de eso no cabe duda, además que le falta la gracia, y el “charm”, o la elegancia de aquellos, pues Daniel es tosco, torpe, ordinario y de aspecto vulgar. Cuentan que cuando Carlos Andrés Pérez conoció personalmente a Somoza, a pesar de considerarle un dictador, y pretender despreciarlo, pues CAP, se consideraba un líder de la democracia y jefe de un país petrolero, quedó impresionado del porte elegante de Somoza, igualmente así le ocurrió a Torrijos, quién era la típica personalidad cuartelaría latinoamericana, que lo impresionó tanto, que lo veía como realeza.

Como dice en su libro Francisco Lainez, hay varios parámetros comparativos entre los Somozas y los sandinistas especialmente Daniel Ortega de los que mencionamos algunos.

Gracias a Somoza el sandinismo, y Daniel Ortega, llegó al poder. Daniel Ortega, partiendo de 1979, ya se acerca a igual periodo de tiempo en el poder que tuvo el primer Somoza mandando y desmandando la institucionalidad en Nicaragua, para consolidarse, manipulando el sistema democrático, con cambios marrulleros a la constitución, pactos perniciosos con partidos de oposición, compra de lealtades políticas, promoviendo el clientelismo y aprovechándose del oportunismo.

Con Somoza y Ortega la práctica de gobierno ha sido; Plata, para los amigos, Palo, para los indiferentes, y Plomo, para los enemigos.

Los somozas y Ortega, han gustado andar por las calles en caravanas de vehículos anunciados por una pitoreta, con la diferencia, que con Somoza era una sola caravana y sus custodios no tiraban a matar a quienes no se apartaban al verlos venir, y con Ortega y los comandantes sandinistas, eran nueve caravanas, mas la de Ramírez Mercado, en el primer periodo, y sus custodios disparaban a matar a quienes se interponían o se atrevían estar en el camino de la caravana.

Somoza dio sus primeros pasos en su camino al poder, con la sangre de Sandino, crimen confesado por él mismo, y justificado por los conservadores que lo amnistiaron, como asunto de Estado. Subió y se mantuvo con los rifles de la Guardia Nacional que metían miedo y a la cárcel a los opositores a Somoza.

Daniel Ortega asaltó el poder y llegó al gobierno, gracias a la sangre derramada por insurgentes y mártires, sangre que ha sido después traicionada. Subió al poder, gracias a la sangre de muchos inocentes que tuvieron la mala suerte de estar en el camino y ser su sacrificio parte de la estrategia para ganar el poder por el sandinismo. Subió gracias al terrorismo y el miedo que metieron en la población y en las organizaciones de la sociedad civil democrática, las escuadras sandinistas. Gracias a la justificación que dio a la violencia sandinista la misma iglesia católica.

Somoza García tomó el poder amparado o apoyado por la intervención americana.

Daniel Ortega tomó el poder, gracias, ante todo, impuesto por la intervención americana de Jimmy Carter, y la intervención económica, diplomática, militar y física, de Fidel Castro, Carlos Andrés Pérez, Torrijos, el presidente de México, López Portillo, la OEA, y el Grupo andino.

Somoza se apoyó en la Guardia Nacional, el Partido Liberal Nacionalista, la Oficina de Seguridad, en esbirros que le sirvieron en diferentes épocas, en las Turbas de la Nicolasa Sevilla.

Daniel Ortega se apoyó en el ejército sandinista, en la oficina de seguridad del Estado a cargo de Lenin Cerna, y del tenebroso ministerio del Interior al mando de Tomas Borge, en las turbas divinas sandinistas, en los CDS, la juventud sandinista, estudiantes sandinistas, mujeres sandinistas, buseros sandinistas, etc.

Somoza estableció una casta militar somocista basada en la lealtad incondicional.

Daniel Ortega estableció una casta político-militar con el ejercito-partido sandinista basada en la lealtad incondicional.

Somoza estableció una sociedad capitalista.

Daniel Ortega estableció una sociedad marxista-leninista, comunista.

Somoza estableció que el poder era solamente para él. Concentró bajo su control el poder ejecutivo, legislativo y judicial, además del poder del Partido Liberal Nacionalista.

Daniel Ortega estableció que el poder no se discute, se obedece, y era solo para la Vanguardia fidelista, y después solo para él, y concentra el control del poder, últimamente compartido con su esposa, ejecutivo, legislativo, judicial, electoral, y sobre el Partido FSLN.

Somoza toleró alguna oposición política aunque metiendo presos, torturándolos o exilando a dirigentes opositores y así como libertad de prensa que de cuando en cuando censuraba.

Daniel Ortega en su primer gobierno fue intolerante, a los que no eran partidarios suyos, los acusaron de enemigos y traidores, los echaron presos, los torturaron o los exilaron, y La Prensa fue censurada y clausurada. En su segundo gobierno, Daniel Ortega, obligado por las circunstancias no puede evitar que haya partidos políticos opositores, pero en cierto sentido es una oposición controlada con el chantaje. Igualmente tolera la prensa libre, aunque constantemente la amenaza.

Somoza persiguió a comunistas y antisomocistas.

Daniel Ortega persiguió a todo quien no era sandinista, o a sandinistas que no eran sus incondicionales, y aún no se escapan, los somete a purgas, y manda a los zapateros a hacer zapatos, cuando no son totalmente sumisos.

Con Somoza el Congreso Nacional lo integraron minorías arregladas, zancudas, sin perspectivas democráticas.

Con Ortega, en su primer gobierno, la asamblea fue impuesta de forma arreglada a conveniencia, engañando a sus aliados burgueses, y en su segundo gobierno busca fomentar el arreglo por medio del chantaje.

Con Somoza, en la administración pública hubo corrupción y enriquecimiento ilícito.

Con Daniel Ortega, en su primer gobierno, la corrupción fue rampante, inaudita, descomunal, discriminatoria. Igual continúa en su segundo periodo, el beneficio personal, como resultado del poder público.

La Guardia Nacional nació disparando contra el pueblo. Culateando al pueblo.

El ejercito-partido sandinista del FSLN, nació disparando al pueblo, parapetándose detrás del pueblo, usando de mampara al pueblo, fusilando al pueblo, y sembrando de fosas comunes el territorio nacional. Practicando el terrorismo.

Somoza fue incapaz de encauzar al país por las vías civiles y democráticas.

Daniel Ortega ha sido incapaz de encausar al país por vías civiles y democráticas.

Somoza usó la Guardia para mantenerse en el poder.

Según Alfonso Robelo, Tomas Borge una vez le dijo: “Quiero poner en claro, que somos nosotros quienes tenemos las armas y nunca las dejaremos. Las usaremos para mantener esta revolución”.

Tanto durante los regimenes de Somoza y de Ortega, la ciudadanía ha sentido inseguridad y ausencia de confianza, en menor o mayor grado, en cuanto a las garantías ciudadanas.

Con Somoza, el mismo Somoza creó un ambiente anti somocista.

Con Daniel Ortega y el sandinismo, Daniel Ortega y los mismos sandinistas, crearon un ambiente anti sandinista.

En resumen, Daniel Ortega, ha sido el somocismo sin Somoza, aunque un somocismo desfigurado.

Como declaró el sandinista arrepentido Arturo Cruz Porras, a la periodista Shirley Christian, los sandinistas son como Somoza, pero multiplicados por nueve.

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