miércoles, agosto 19, 2009

OBAMA LE DA LA RAZÓN A BUSH

Obama le da la razón a Bush

Charles Krauthammer es un magnífico analista del Washington Post y la posibilidad de traerle algunos de sus trabajos en español para su lectura e interpretación me pareció muy buena, pues constituyen sus trabajos una completa invitación a la reflexión y algo distinto en la media norteamericana.

Las políticas de Bush en torno a la guerra contra el terror no van a tener que esperar la justificación de los historiadores. Obama lo está haciendo cada día que pasa. Sus negativas no significan nada. Más vale que nos fijemos en lo que se hace.

Si la hipocresía es el homenaje que hace el vicio a la virtud, entonces los cambios súbitos de opinión sobre las medidas antiterroristas son el homenaje que hace Barack Obama a George Bush. En cuestión de 125 días, Obama ha ido adoptando numerosos puntos del programa de Bush, que era supuestamente ilegal, añadiendo sólo algunas modificaciones menores.

El cambio más rotundo de opinión que se ha producido recientemente ha sido la rehabilitación de los tribunales militares. Durante la campaña de 2008, Obama los denunció repetidamente, calificándolos de "fracaso estrepitoso". Nada más jurar el cargo, los inhabilitó; ahora regresan.

Por supuesto, Obama no va a admitir nunca de palabra lo que está haciendo con sus obras. Sus giros de 180º vienen acompañados de los tres pasos a los que Obama nos tiene acostumbrados: a) crítica con saña a Bush, b) propaganda ostentosa de ciertos cambios cosméticos y c) adopción de la denostada política de Bush.

Los cambios cosméticos de los que hablaba son del estilo de "vamos a dar a los detenidos mayor autonomía para elegir su propia defensa". Totalmente ridículo. Los bufetes progresistas de alto copete ya se pelean por representar a estos malhechores ante la justicia.

¿Qué pasa con la medida de desestimar las pruebas que se obtuvieran durante los interrogatorios con las técnicas avanzadas? Nada nuevo, según observa el ex fiscal Andrew McCarthy. De acuerdo con el reglamento actual, los jueces militares ya cuentan con esa autoridad y la ejercieron durante la Administración Bush para desestimar, precisamente por estos motivos, los cargos contra el miembro de Al-Qaeda Mohammed Al-Qahtani.

A propósito de Guantánamo, son los correligionarios demócratas de Obama los que de pronto han descubierto la sensatez de las medidas de Bush. En contra del compromiso de Obama de clausurarlo, el Senado se pronunciaba 90 a 6 para rechazar el gasto de un solo centavo hasta que el presidente explique dónde pretende internar a los reclusos. El senador James Webb, autoridad demócrata oficiosa en asuntos de seguridad nacional, propone suspender temporalmente su cierre. Y el martes, el secretario de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, manifestaba que no quiere a ningún recluso de Guantánamo en suelo estadounidense (ni siquiera en las cárceles estadounidenses).

Eso no deja muchas opciones abiertas. Sus países de origen no los van a aceptar. Europa se muestra reticente. La isla de Santa Helena precisa de restauración. La isla de Elba no funcionó demasiado bien la primera vez. Y el penal de la Guayana es hoy un destino turístico. Guantánamo empieza a parecer otra vez una buena idea.

Observadores de todo el espectro político están asombrados por la cantidad de medidas de la agenda de seguridad nacional de Bush que está adoptando el nuevo gobierno demócrata. Victor Davis Hanson (del National Review) ofrece una lista parcial: "la Patriot Act, los pinchazos telefónicos sin garantía judicial, las interceptaciones de correo electrónico, los tribunales militares, los ataques con vehículos Predator a control remoto, Irak (léase retrasar la retirada), Afganistán (léase incremento de tropas) y ahora Guantánamo". ¿Qué significa todo esto? ¿Hipocresía y demagogia demócratas? Claro, pero el cinismo y el oportunismo no suponen ninguna novedad en Washington.

Hay en juego algo mucho más importante: un interés nacional innegable e irresistible que, en última instancia y más allá de la vulgaridad política, se consolida como esencial. Las urgencias y las necesidades del mundo posterior al 11-S abren un abanico de alternativas aceptables bastante reducido. Entre ellas: revivir la tradición de los tribunales militares (utilizados históricamente por George Washington, Andrew Jackson, Winfield Scott, Abraham Lincoln, Arthur MacArthur y Franklin Roosevelt) y considerar Guantánamo –accesible, seguro, alejado de la costa y simbólico– una opción absolutamente brillante para el emplazamiento de terroristas, algunos de los cuales habían de ser detenidos sin juicio en una guerra que podía no tener fin.

Lo ingenioso y característico de la democracia reside en que la rotación en el poder obliga a la oposición a reconciliarse con la realidad. Cuando un partido alcanza el poder y adopta políticas de continuidad, se forja un consenso nacional y se establece una nueva legitimidad.

Eso está sucediendo ahora ante nuestros ojos. Las políticas de Bush en torno a la guerra contra el terror no van a tener que esperar la justificación de los historiadores. Obama lo está haciendo cada día que pasa. Sus negativas no significan nada. Más vale que nos fijemos en lo que se hace.

© The Washington Post Writers Group

No hay comentarios.: