jueves, septiembre 10, 2009

EN NICARAGUA PALO CONTRA LA LIBERTAD DE PRENSA



En los últimos días ha arreciado la agresión verbal del presidente Daniel Ortega y sus seguidores, contra la libertad de prensa y los medios de comunicación independientes. Hasta ahora ha sido palo retórico, en términos generales, aunque en algunos casos ya se torna en agresión física, como la de las turbas oficialistas contra el periodista Mario Sánchez, a principios de agosto pasado, en los predios de la Catedral de Managua. Pero en todo caso, las últimas diatribas oficialistas son signos inequívocos de que vienen más restricciones a la libertad de expresión. Inclusive hablan de que hay que “quemar neuronas” acerca de cómo volver a imponer la censura de prensa, tal como lo dijeron ideólogos del autoritarismo orteguista en el foro de periodistas sandinistas realizado el lunes de esta semana.

Durante la campaña electoral del 2001, en su condición de candidato presidencial Daniel Ortega firmó la Declaración de Chapultepec sobre la Libertad de Prensa. Eso ocurrió el miércoles 4 de julio de 2001, en casa de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro, ante los directivos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que estaban en Nicaragua. Después, en la campaña electoral del 2006 Ortega se comprometió “solemnemente”, otra vez, a respetar la libertad de expresión y de prensa. Sin embargo, apenas tomó posesión de la Presidencia, en enero de 2007, comenzó a arremeter de manera virulenta contra los medios de comunicación y los periodistas no oficialistas. Hasta “hijos de Goebbels”, dijo Ortega a los periodistas independientes, en uno de sus discursos más agresivos.

Ahora, después del violento ataque verbal de Ortega contra los medios de comunicación independientes, el sábado pasado, durante la celebración del 30 aniversario de la antigua Policía Sandinista (ahora Nacional), los ideólogos del orteguismo dijeron en el foro de periodistas sandinistas, que hay que comenzar a actuar contra el periodismo libre, usando el garrote de la ley .

Pero, ¿a qué se debe tanta fobia a la prensa libre y ese odio tan irracional a los medios y periodistas independientes? ¿Por qué, sobre todo, esa obsesión contra LA PRENSA y El Nuevo Diario?

A nuestro juicio son tres las razones que explican esa patología política orteguista.

La primera es ideológica. Se trata de que la ideología orteguista es totalitaria, se basa en la llamada doctrina del pensamiento único, el oficial, del Estado, del partido y del caudillo. Es una ideología que no tolera el pensamiento plural, las opiniones distintas y mucho menos las contrarias y críticas.

La segunda razón es que la libertad de prensa y el periodismo independiente sacan a luz las lacras de la corrupción gubernamental, de los abusos de poder, de la ineficiencia administrativa, de la demagogia populista, del clientelismo político y del tráfico con las necesidades sociales. Ortega y sus voceros odian a los periódicos independientes porque (para citar sólo dos casos) revelan el desastre imperante en la salud pública que según la propaganda oficialista es lo mejor del régimen orteguista, y denuncian el alucinante y asombroso enriquecimiento de la familia gobernante al amparo del poder público.

Y la tercera razón que explica el odio de Ortega y sus epígonos a los grandes medios de comunicación independientes —como LA PRENSA y END—, es que su autonomía económica constituye precisamente la base y garantía de su independencia informativa y capacidad crítica. El Gobierno ahoga económicamente a los medios de comunicación más débiles; y acosa y denigra a los que no puede hacer desaparecer tan fácilmente, a fin de deteriorar su credibilidad pública que es la segunda más alta entre todas las instituciones públicas y privadas del país.

“No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo”, establece el primer principio de la Declaración de Chapultepec, la misma que Daniel Ortega firmó en el 2001 y después la escupió y pisoteó. Pero nosotros vamos a seguir ejerciendo el derecho fundamental de la libertad de prensa y practicando el periodismo libre e independiente, sin pedirle permiso al Gobierno, sin temor a la eventual represión de los gobernante y sus secuaces. Lo haremos mientras podamos hacerlo, en tanto haya en el país un resquicio de libertad y tengamos un hálito de vida. Es nuestro deber y es nuestro derecho.


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