miércoles, enero 13, 2010

UNIDAD DEL LIBERALISMO

Los altos talibanes del FSLN reconocen sin miedo al qué dirán que los resultados del 5 del Noviembre del 2006 los tomó a todos por sorpresa porque nunca imaginaron más allá de los sueños que la victoria les llegaría. Por la tradición electoral de los nicaragüenses, de votar en contra de, ellos ya estaban psicológicamente listos a aceptar su cuarta derrota consecutiva y fue así, bajo ese estado de ánimo, que la presidencia les tocó la puerta. La campaña que hicieron fue monstruosa, imposible para un país tan pobre como éste, pero monstruosa al fin porque si tenían el No buscarían el Si para un Daniel que bailaba su último tango.

Mientras tanto para nosotros, los que estábamos al lado de los sorprendidos, los resultados cayeron inclementes como un castigo anunciado porque los que un día estuvimos en el mismo barco del liberalismo y nos dividimos después, jamás calculamos el daño que fuimos capaces de hacernos. Definitivamente la victoria del FSLN no es porque sean más, sino porque nosotros nos hicimos menos y no fue porque Dios lo quiso, sino porque nosotros lo permitimos y de ahí que los castigados seamos nosotros, los liberales. Hoy sufrimos no por la pérdida del poder sino porque la voluntad autoritaria nos está menguando la libertad, nos está poniendo en línea de sacrificio y pretende con su soberbia sepultar en el panteón de su dictadura nuestras esperanzas torpeando nuestras fuerzas con poderosos cañonazos, animando a la discusión estéril y aplaudiendo las voces del odio que abren nuestras heridas.

Lo que el liberalismo perdió no fue una elección sino la presidencia de la república; es decir el instrumento legal para transformar la nación y catapultarlo hacia una verdadera y auténtica revolución de progreso. Lo que quedó a la deriva fue el trecho justo que Nicaragua necesitaba recorrer para poner el tren sobre los rieles del desarrollo con recursos y energía propia. Lo que nos negamos es la seguridad, lo que pusimos en juego fue la estabilidad del país que ahogado por la ignorancia que lo consume no nos permite predecir si amaneceremos mañana en término de convivencia y de espacios para la democracia.

Oh nos unimos o nos hundimos, fue la frase cajonera de José Antonio Alvarado que por no hacer eco ayer, hoy es un tabique abierto por donde nuestras incontenibles lágrimas pasan raudas para caer sobre la leche derramada y ayer precisamente lo recordábamos en éste programa.

Pecamos de sobre advertidos. Sabíamos a que apuntaba el FSLN cuando omitía criterios sobre lo que a nuestro alrededor sucedía porque para qué ventilar nuestras debilidades si al final se servían de ellas. Ellos fueron sumamente astutos. Se valieron de agentes indirectos para alentar nuestros pleitos. Fomentaron la arrogancia y la soberbia entre nuestros bandos hasta que todo fue para ellos y nada para nosotros. Nos dieron clase de astucia e inteligencia. En la tercia se movieron de acuerdo a nuestro ritmo y bailaron al son de nuestra propia música sin necesidad de estrategias mayores porque todo lo que tenían que hacer era callar frente a los gritos necios de la inexperiencia.

Desde el punto de vista de nuestra fe y de los valores cristianos que nos inspiran hay quienes aun no asimilan el cómo Daniel Ortega haya vencido pero esa fue la voluntad de Dios y no como un castigo divino, sino que como consecuencia de nuestras actitudes. Lamentablemente cuando las tragedias vienen y nos afectan personal o colectivamente lo primero que decimos es que el Dios de amor que cuida por nosotros y siempre nos perdona nos está castigando, pero lo cierto es que el resultado de nuestros pesares es la suma de nuestros errores y saben qué habemos quienes aprendimos la lección y clamamos para que aquellos que no, dejen de ser menos brutos y comprendan que los berrinches de niños malcriados, que los complejos y traumas, que las guerras, los métodos del grito y los mesianismos no convencen como nunca han convencido y que es hora de que aporten y no estorben a una sociedad cansada del mismo discurso cajonero de la división.

En cada uno de los bandos del liberalismo, independientemente cuál de estos sea el más representativo y no por votos, sino por historia, hemos contado los muertos, los heridos y los lisiados, pero todavía hay locos que por efectos de la guerra, se han convertido en franco tiradores disparando contra la unidad. Yo soy uno de esos miles y miles de personas que imploran, a los que juntos pueden hacer prevalecer la democracia, que se unan para frustrar cualquier intento perverso de aquellos que pretenden asesinar la unidad.

Desgraciadamente y para felicidad de quienes ostentan con prepotencia el poder hay quienes han hecho un gran negocio radial utilizando los espacios de algunas emisoras, perversamente auto llamadas democráticas, para promover el anti-liberalismo. Mientras tanto el tiempo avanza y nadie tenga duda que así como estamos, vamos en calidad de mensos, por más derrotas, por mas robos, por mas fraudes, por más totalitarismo, por mas dictadura, hasta entregar totalmente Nicaragua al FSLN que de por sí ya la tiene prácticamente piñateada.

La unidad es única e indivisible y su significado no tiene acepciones y por lo tanto ni puede ser selectiva, ni puede ser excluyente. Aquellos que hablan de unidad vetando a otros que la procuran son más bien emisarios y agentes directos de quienes ríen nuestras distancias. Hay que entender que la unidad del liberalismo es institucional y no gira alrededor de personas.

Por no entenderse lo anterior hoy vamos nuevamente cada quien por su lado a otro proceso electoral. Vamos a las elecciones de Caribe nicaragüense más enfrentados entre nosotros mismos que con el orteguismo. A estas alturas ya no podemos hacer nada porque lo hecho, hecho está, sin embargo ojalá que al menos nos sirva de lección y que la frustración expresada por el pueblo nicaragüense por ver que no nos entendemos nos haga reflexionar para que nos unamos en el terreno aunque no en la constitución de las alianzas.

Para empezar bajemos el gas sinceramente porque es imposible esperar caramelos de un lado cuando del otro lanzan pedradas. Los liberales no somos los que hemos establecido la dictadura, somos los que sufrimos los efectos de la tiranía. No somos los que estamos garroteando al pueblo, pero somos el pueblo que recibe los garrotazos y no es moral, ni justo, ni lógico que mientras nos azotan, nos mandan a callar, nos amenazan, nos dejan sin empleos, seamos incapaces de defender a los nuestros y que por el contrario nos comamos a nosotros mismos.

Creo que tenemos que aterrizar. Lo pasado, pasado, está y no volverá. Lo que cada una de nuestras partes en pugna hizo para bien o para mal no tiene retorno y debemos asimilarlo. Que ganamos con hacernos trompas a estas alturas, acaso con eso le solucionaremos los problemas a Nicaragua?

Arnoldo Alemán es una realidad en este país y Eduardo Montealegre es otra. Ambos ahora que se sientan con mas frecuencia para platicar como la han hecho otras veces no deben permitir que las influencias negativas y el temor al qué dirán perturben sus propósitos. Olvidemos si éste o aquel tiene más peso que el otro. Hagamos y dejemos de hablar. Propongamos y no discutamos. Que los protagonismos y las figuraciones queden a un lado y sean aplastadas por el pragmatismo.

Hay gentes que frustradas por no estar en rueda de grandes andan por ahí, en su periplo destructivo de toda la vida, tratando de arreglar componendas con el orteguismo solo porque luce evidente que Eduardo se está entendiendo con Arnoldo y Arnoldo con Eduardo.

Esos son personajes nunca satisfechos que filtran, como si se tratara de buenas referencias que están en pleitos con Eduardo Montealegre, solo para que éste deje a media asta las conversaciones que bajo la mediación de Monseñor Juan Abelardo Mata ya van por buen camino.

Esperemos que Eduardo sabiamente decida. Malas amistades solo conducen a malos desenlaces y son esos resultados los que hacen fuertes a los dictadores que por el bien del país debemos bajar del poder.

POR NICARAGUA CUESTE LO QUE CUESTE ASÍ PENSAMOS EN EL MOMENTO.



Moises Absalon Pastora

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